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San Agustín de Hipona (354 d. C. Tagares- 430 Hipona)

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Pues más allá de las artes que reciben el nombre de virtudes, y que nos enseñan a emplear nuestra vida correctamente, y alcanzan la felicidad eterna- artes que llegan a conocimiento de los hijos de la promesa y del reino sólo por la gracia de Dios que es Cristo-, el genio del hombre ha inventado y aplicado innumerables artes asombrosas, algunas producidas por la necesidad y otras por la exuberancia de la inventiva, de modo que este vigor de la mente, activa no sólo en el descubrimiento de cosas superfluas sino también en el de las cosas peligrosas y hasta destructivas, presagia la inagotable riqueza de la naturaleza capaz de inventar, aprender y emplear tales artes. (La Ciudad de Dios)

¿A cuán maravillosas y estupendas obras ha llegado la industria humana en materia de vestidos y edificios, cuánto ha aprovechado y adelantado en la agricultura, cuánto en la navegación; (…) en la fábrica y construcción de todo género de vasos, en la hermosa variedad de las estatuas y pinturas; (…) en los teatros (…) para conservar y reparar la salud de los mortales, cuántos medicamentos y auxilios ha descubierto; (…) para declarar y persuadir sus conceptos y pensamientos, cuán gran multitud y variedad de señales, en las cuales tienen el primer lugar las palabras y las letras; (…) con cuánta sagacidad ha comprendido los movimientos, orden y curso de los astros. (La Ciudad de Dios)

La educación de la raza humana, representada por el pueblo de Dios, ha avanzado, como la de un individuo, a lo largo de ciertas épocas o eras que le han permitido irse elevando de las cosas terrenales hacia las celestiales, y de lo visible a lo invisible. (La Ciudad de Dios)

Las reflexiones de Agustín nos ayudan a pensar acerca del tiempo.  Los invito a hacer algunas conexiones en un blog y a leer textos de Borges.

Hemos observado cómo en algunos pensadores griegos y romanos comienzan a gestarse las ideas del crecimiento progresivo de los conocimientos y del desarrollo gradual de la humanidad.  Para los primeros filósofos cristianos (s. II d. C) denominados posteriormente Padres de la Iglesia, aquel desarrollo del conocimiento era también un concepto básico acompañado por dos nociones complementarias:

  • la visión de la unidad de la humanidad entera,
  • y la existencia de una necesidad de origen divino de la historia.

En definitiva, ellos poseían una cierta idea de progreso que consistía en el despliegue, a lo largo de las épocas, de un plan preestablecido por Dios desde el principio de la historia de los hombres.