Hemos observado cómo en algunos pensadores griegos y romanos comienzan a gestarse las ideas del crecimiento progresivo de los conocimientos y del desarrollo gradual de la humanidad.  Para los primeros filósofos cristianos (s. II d. C) denominados posteriormente Padres de la Iglesia, aquel desarrollo del conocimiento era también un concepto básico acompañado por dos nociones complementarias:

  • la visión de la unidad de la humanidad entera,
  • y la existencia de una necesidad de origen divino de la historia.

En definitiva, ellos poseían una cierta idea de progreso que consistía en el despliegue, a lo largo de las épocas, de un plan preestablecido por Dios desde el principio de la historia de los hombres.

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